Estos días estoy en Ámsterdam.

He venido junto con un grupo de compañeros de trabajo para conocer las reservas de tres museos holandeses. Se calcula que los museos exponen aproximadamente un 5% de sus colecciones. El 95% restante, lo que no ves cuando los visitas, está en las reservas. 

Como en las casas, las reservas de los museos también tienen problemas de espacio. Poco a poco se van llenando de objetos hasta que ya no caben más.

Pero para eso tenemos a nuestro Marie Kondo particular.

Se llama Gäel de Guichen. Es físico de formación, tiene más de ochenta años y una energía que no te la acabas.

Después de visitar museos de todo el mundo, Gäel se dio cuenta de que los problemas que encontraba en los almacenes eran siempre los mismos. Y aprovechando su mente estructurada, diseñó un método para reorganizar las reservas de los museos. Un método que, en lugar de necesitar grandes presupuestos, utiliza el sentido común.

Hace un par de años tuve la suerte de participar en uno de sus talleres.

Con Gäel aprendes a reorganizar museos, pero también muchas otras cosas de la vida. Destila experiencia y sabiduría.

Tiene el pelo cano y siempre va vestido de blanco, con pantalón y camisa de algodón. Creo que los compra en la India. Los pantalones son todos iguales. Sus camisas solo se distinguen porque cada una de ellas está decorada en los puños y cuello con una cinta de un color diferente. Corresponde a una ciudad, a un museo, a un equipo, a un RE-ORG (así se llama su programa). Le trae unos recuerdos.

El primer día que trabajas con él lo dedica solo a construir equipo, a que todos llamemos las cosas por el mismo nombre para que así podamos entendernos. Dice que, en realidad, esa es la base de todo. 

Cada mañana, después de desayunar juntos, nos hacía preparar una lista con todo lo que queríamos hacer a lo largo del día. Nos pedía que marcásemos un tiempo y un horario para cada cosa, también un responsable de llevarla a cabo. Nos pedía planificar.

Decía que, aunque de entrada aquello pudiese parecer una pérdida de tiempo, era todo lo contrario. Hacerlo cada día te ayuda a tener claros tus objetivos, y te permite avanzar mucho más. También nos comentaba que no debíamos preocuparnos porque al principio nos costase calcular el tiempo. Poco a poco vas afinando, acertando más.

Gäel trataba a todo el mundo por igual. Valoraba tanto el trabajo de las restauradoras, como el de la señora de la limpieza, que conseguía que cada día aquello estuviese limpio para que diese gusto volver a trabajar. Era necesario el papel de todos y cada uno de nosotros, y así nos lo hacía saber.

Estando con Gäel te das cuenta de que es una persona que ha aprovechado bien su vida.

No solo porque ha tirado adelante proyectos -que también-, sino porque la ha saboreado, aprendiendo y disfrutando del contacto con otras personas. 

Eso y muchas otras cosas fue lo que aprendí de él.

Que tengas un fantástico día.